Ayer por la tarde, y de forma totalmente improvisada, surgió en Twitter un debate muy interesante acerca de la televisión nacional en general y del programa Sálvame en particular. Prácticamente todo el mundo coincidía en afirmar que el programa de Jorge Javier Vázquez era una basura, que no valía para nada y todo esas cosas que se suelen decir de este tipo de programas. Comprendo que Sálvame no pueda gustar a todo el mundo (aunque ahí estaré yo para defenderlo). No es un programa fácil para aquellos que no acostumbran a ver ni aprueban esta forma de hacer televisión. Es lícito y están en su pleno derecho de criticarlo si lo creen conveniente. Por lo que no paso es por esas actitudes de perdonavidas que adopta muchísima gente que se cree superior a otra simplemente por no ver "la mierda que echan por la tele".A mí Sálvame me gusta. Lo veo cada tarde porque me divierte, me entretiene y me lo paso en grande con ese pequeño microuniverso que han ido construyendo a lo largo de estas semanas. No pongo excusas, ni recurro al típico "es que no echan nada en otros canales". No. Me encanta Sálvame, Jorge Javier Vázquez, la copresentadora Belén Esteban, el momento atril, el drama Pipi-Miriam, el escote y el inglés de Yola, los montajes de tres al cuarto, el Sálvame pirata, su espíritu tomatero, el animador del público, el videoclip protagonizado por la Esteban, las puyas que le lanza JJ sin que ella se dé cuenta, los 300€, el récord mundial de los 50 programas y un sinfín de cosas más. No veo qué tiene de malo disfrutar de un programa como éste, la verdad. Que a veces parece que hay que pedir perdón por asomarse un rato a la tele nacional (y si es Telecinco, aún más).
Que disfrute como un enano con Sálvame no me impide tener bien claro lo que estoy viendo. Es, ante todo, un programa casposo y que bebe directamente de otros como Aquí hay tomate o A tu lado. No es un programa sesudo ni profundo, pero es que tampoco pretende serlo. Como dijo un día Jorge Javier, "cuando uno ve un informativo, sabe que le van a dar noticias. Si ve Sálvame, sabe que le van a dar entretenimiento absurdo". Y es que eso es lo proporciona Sálvame: entretenimiento sin pretensiones, ligero, ácido y, sobre todo, muy absurdo.
El problema que veo es que mucha gente que se toma Sálvame demasiado a la tremenda. "¡Es que el otro día enseñaron una teta de Yola", "¡es que Kiko le quitó el peluquín al Dioni!", "¡es que se pasan la tarde discutiendo!", "¡es que Kiko le bajó el vestido a María Lapiedra y se quedó desnuda en el plató!". Pues sí, si lo miramos todo así es normal que lapidemos el programa. Pero es que todas esas cosas forman parte del show y ellos mismos lo reconocen a los dos minutos. Sálvame no engaña: el espectador sabe lo que va a ver, pero también sabe que el programa es una tomadura en pelo en sí mismo y que no hay que tomárselo en serio. Si ni siquiera los propios colaboradores lo hacen, ¿cómo vamos a hacerlo los espectadores?
Sálvame está en parrilla porque es lo que le gusta al público y lo único que le ha funcionado a Telecinco en su sobremesa desde el final de Aquí hay tomate. Entiendo que no es un programa accesible para todos los públicos, pero si está ahí es por algo. Me hace mucha gracia que haya gente indignada pidiendo a gritos su cancelación a favor de una televisión de calidad, cuando está comprobado que esos supuestos programas de calidad no aguantan ni una semana en parrilla. ¿Cuántos programas y series distintas probó Telecinco antes que Sálvame? Ninguna funcionó. Y no me vale la excusa de que todos eran una basura porque uno de esos programas fue precisamente la idolatrada Camera Café, que acabó retirado al final de semana por su ridícula audiencia (6.1%). Sin embargo, llega Sálvame y eleva la audiencia hasta el 14%. ¿Por qué? Porque es lo que la audiencia quiere. Ni más ni menos. No podemos criticarlo porque somos nosotros los que hemos hecho que el programa esté ahí.
Prefiero Sálvame, que al menos deja sus intenciones bien claras desde el principio, a programas tipo Sé lo que hicisteis que se crean muy listos y poseedores de la verdad absoluta. No sé qué es de peor gusto, si que Kiko Hernández desnude a una actriz erótica en directo, o que Sé lo que hicisteis insinúe que a Máxim Huerta le gusten los niños únicamente por un comentario sacado de contexto.




