Cuando el público no vota

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La ausencia de televoto en los realities americanos es sin duda uno de las grandes virtudes de este tipo de programas. El desarrollo de los acontecimientos depende únicamente y exclusivamente de los concursantes, que con sus acciones y decisiones serán los que determinen quién es el expulsado de la semana, quién tiene inmunidad e incluso quién es el ganador de la temporada. De esta forma el proceso se dignifica y los propios concursantes se ganan un respeto por haber llegado hasta ahí por sus propios méritos y no simplemente porque han caído simpáticos a un determinado sector del público.

Si por algo no me está convenciendo esta edición de Gran Hermano es porque sus concursantes han sido demasiado jugadores (malos) desde el principio. Esto no es que me parezca mal del todo, pero es que intentar ir de jugador y estratega en un concurso en el que la última palabra la tiene el público es una tontería. Puedes sortear salir nominado semana a semana, pero si al público no le gustas, a la mínima oportunidad que tengan de echarte vas a ser expulsado. Fenómenos como el de Pepe en la séptima edición no se van a volver a dar, eso por supuesto, así que de nada sirve jugar a ser el más listo del grupo porque va a ser una pérdida de tiempo.

Durante las primeras semanas de esta edición, un pequeño grupo de concursantes controlaban las nominaciones y eran ellos los que decidían quiénes estarían en la palestra cada semana. Si esto fuese Big Brother US o Survivor me parecería estupendo y probablemente celebraría este tipo de estrategias, que al fin y al cabo son las que hacen que este tipo de programas sean tan emocionantes. Pero en Gran Hermano, donde el voto decisivo lo tiene el público, es una estupidez. Primero, porque automáticamente los que la llevan a cabo van a caer mal fuera y segundo, porque una vez que uno de ellos salga nominado, va a ser expulsado con un porcentaje arrollador. En esta temporada tenemos los casos de Nagore (expulsada con un 95%, igualando el récord porcentaje de expulsión a nivel mundial), Rebeca (92.5%), Juan (70%) o Melanie (52%). Realmente seguir una estrategia agresiva de este tipo en Gran Hermano es un arma de doble filo porque por una parte te garantiza evitar las nominaciones durante un tiempo determinado, pero también te convierte en un objetivo fácil cuando te enfrentas al público.

Sin embargo, en los realities americanos sucede todo lo contrario. Como el público no interviene en ningún aspecto del programa, los concursantes no se cortan un pelo y no tienen reparos en mostrar su verdadera cara. Las alianzas, estrategias, mentiras, manipulaciones y puñaladas por la espalda están a la orden del día, Les da igual parecer unos cabrones despreciables si así pueden llegar a la final y, por supuesto, ganar. ¿Que tienen que hacer campaña para expulsar a su propia pareja si le ven como un rival? Lo hacen, y sin remordimientos. ¿Que su BFF es un potencial ganador? Inventan cualquier mentira y le hacen un backdoor como la copa de un pino. ¿Que su padre supone una amenaza para su supervivencia en el programa? Pues se plantean expulsarlo a la mínima de cambio, ya ves qué problema.

Los concursantes de allí no son como los de aquí, que vienen cargados de buenas intenciones y a vivir la experiencia. Los americanos tienen claro que si van a un concurso como Big Brother o Survivor es para llevarse el premio a toda costa. Por eso disfruto tanto con estos programas, porque sus concursantes no se andan con medias tintas y son capaces de vender su alma al diablo con tal de ganar un puñado de dólares. Mientras que aquí nos conformamos con los polvos de Arturo e Indhira o las estrategias baratas de los "feos", en América tienen a la biznatch de Natalie (o Nata-LIE, como la llamaban en los foros yanquis) o al nerd entrañable de Ronnie (ambos de Big Brother 11), a EvelDick y su malérrima hija Danielle (Big Brother 8), a la bitch de Libra y Dan y su Replacement Nominee Roulette en la octava semana de Big Brother 10 o la dulce venganza de James en Big Brother 9. No hay color.

Pero las manipulaciones y el juego sucio no sólo se limitan a Big Brother US. En la última temporada de Survivor (la única que he visto hasta el momento) también hubo un concursante que literalmente se adueñó del programa mediante manipulaciones, engaños y backstabbings. Antes de nada, tengo que reconocer que este tipo de concursantes sin escrúpulos y que hacen lo que sea con tal de ganar suelen ser mis favoritos porque son los que de verdad se toman el programa en serio y saben que están ahí para jugar y ganar. Me da igual que sean rastreros o despreciables, prefiero mil veces villanos como EvelDick o Matt de Big Brother 9 antes que macetas que están ahí porque sencillamente no suponen una amenaza para nadie como el propio Jaison en esta temporada de Survivor, Zach en Big Brother 8 o Jordan en Big Brother 11, por poner unos ejemplos fáciles.

El caso es que Russell ha sido el verdadero aliciente que he tenido para seguir viendo Survivor. (A partir de aquí hay SPOILERS de Survivor: Samoa). Los primeros capítulos no me parecieron nada del otro mundo y, de hecho, algunos me aburrieron lo suyo, pero conforme fueron pasando las semanas la cosa se empezó a poner interesante y una vez que se produjo la unificación de las tribus, caí completamente enganchado. Y todo gracias a las maquinaciones de un concursante a la que se la soplaba todo y cuyo único propósito era ganar a toda costa. Mintió, utilizó y manipuló a sus compañeros a su antojo, consiguió librarse de una expulsión in-extremis y "blind-sideó" a todo el consejo tribal con una impactante revelación (ese momento fue sencillamente delicioso e impagable), se fue librando de todos los rivales fuertes sin dificultad y, en definitiva, controló todo el programa desde el principio hasta el final.

No es de extrañar que ya se hable de él como el gran villano de la historia de este programa, y con toda la razón del mundo. Sin haber visto ninguna temporada anterior, dudo mucho que haya un concursante que iguale en maldad e hijoputismo a Russell. Pero el problema de llevar una estrategia tan agresiva y reprochable es que no todo el mundo la aprueba. Pasa algo parecido a lo del tema del televoto: puedes montártelo muy bien y llegar a la final, pero quienes deciden al ganador de la temporada son los nueve últimos expulsados, esos a los que Russell ha engañado y expulsado uno a uno (que, para más inri, eran todos de la tribu contraria).

Dejando a un lado que sea un tipo odioso y despreciable, es indiscutible que Russell ha sido con mucha diferencia el mejor jugador de la temporada y que, por supuesto, merecía ganar. Ya no sólo por el tema económico, que eso a él le da igual (está forrado y no necesita el dinero para nada), sino por orgullo. En una final con Russell, Natalie y Mick, me parece impensable que alguien como Natalie (que me parece muy mona y siempre me ha caído muy bien pero que como jugadora no hizo demasiado aparte de expulsar a Erik) sea proclamada ganadora antes que Russell. Pero, como en el televoto, si al jurado no le gustas, preferirán votar a alguien que se ha mantenido en un segundo plano y ha concursado como ha podido, antes que al cabrón que se encargó de expulsarles uno tras otro. Una lástima, pero el mundo está lleno de reventados. Otra vez será.

Claro que si existiese el voto del público en los realities americanos, no cabe duda que Russell, como EvelDick, Danielle o Ronnie hubiesen sido expulsados a la mínima de cambio y nos habríamos quedado sin estos grandes concursantes demasiado pronto. Que serán todo lo despreciables que queráis, pero sin ellos sus respectivas temporadas no habrían sido las mismas.

Rozando la perfección

| Posted in | Posted on 12:38

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Sin spoilers

Si todavía queda alguien que no se ha decidido a darle una oportunidad a Dexter, por favor, que lo haga inmediatamente. Da igual que las series de cable no te gusten, te den pereza o que estés harto de escuchar hablar maravillas de esta serie: Dexter hay que verla. Ya no sólo por su cuarta temporada, de lo mejorcito que se ha podido disfrutar últimamente en la televisión americana, sino porque sus dos primeros años son de matrícula de honor. Es cierto que la tercera temporada no está a la altura y que acaba siendo un despropósito como una catedral, pero como cada año de la serie es independiente se puede saltar y hacer como si nunca hubiera existido.

La cuarta temporada, por su parte, no se la puede perder nadie. La serie se recupera del bajón de su año anterior y además se permite el lujo de superar ampliamente el nivel de su mejor temporada hasta el momento, la segunda. Y lo mejor de todo es que lo hace sin caer en recursos fáciles, repeticiones o giros previsibles o "porque sí". Quizás esa sea la mejor virtud de la serie: cuando parece que ya te ha mostrado todo lo que tiene que ofrecer, llega una nueva temporada con una trama totalmente distinta que te acaba sorprendiendo aún más que la anterior.

En la cuarta temporada volvemos a tener a un rival a la altura de Dexter, sólo que esta vez de verdad. Primero fue el asesino del camión frigorífico, luego vino la perturbada Lila y después llegó Miguel Prado, lo único decente que trajo la tercera temporada. Pero todos estos, que parecían insuperables en su día, palidecen ante Trinidad. Un personaje de los que no se olvidan fácilmente; siniestro, inquietante, fascinante y con una historia detrás que engancha desde el primer minuto y no te suelta hasta el último capítulo.

La evolución del arco de Trinity ha sido de lejos lo más seductor de la temporada. Cómo le conocemos en los primeros capítulos a través de sus rituales, aún sin entender nada del proceso o de lo qué realmente significa para el personaje, para luego descubrir su realidad, que resulta ser todo lo contrario de lo que podía esperar de un perturbado como él. Esa analogía que se establece con Dexter es fantástica y todo un acierto porque vuelve a poner al protagonista en el centro de la acción y con nuevos conflictos a los que hacer frente.


Algo que siempre me fascina de la serie es la capacidad que tiene de innovar en cada temporada y presentarnos a un Dexter totalmente distinto: soltero, libre y con algunos "unfinished business" con su pasado; oscuro y al límite; amigo y responsable; y ahora padre de familia. El personaje ha ido evolucionando a lo largo de la serie de una manera increíble y sobre todo coherente, especialmente en estas dos últimas temporadas en el que el choque entre el Dexter asesino en serie y el Dexter responsable y a cargo de una familia se ha visto aún más acentuado y ha sido el motor de la serie.

Todo esto desemboca en una recta final de temporada trepidante y que deja sin aliento hasta al más impasible con un Dexter al límite y un escurridizo Trinity a cada capítulo más espeluznante y psicópata que el anterior. Impagable el noveno capítulo de la temporada, "Hungry man", uno de los mejores de toda la serie, con esa tensa comida familiar de Acción de Gracias en medio de una conseguida atmósfera de peligro, terror y nerviosismo que no sabes cómo puede terminar realmente. Claro que todo el mérito lo tiene John Lithgow, que está estupendo en su papel de Trinity y consigue plasmar en todo momento el mal rollo que debe dar el personaje.

El final (sin entrar en spoilers) es impresionante y el broche de oro a una temporada prácticamente perfecta. La última escena es de lo más devastador que he visto en mucho tiempo, no sólo por lo que implica sino por las consecuencias que traerá a la serie. Una vuelta de tuerca inteligente, inesperada y muy arriesgada que cambian por completo las reglas del juego. El golpe de efecto del final sólo se podía dar en esta temporada, y nos lo han estado anunciando casi desde el principio. Eso es lo mejor de todo, que pese a lo demoledor del final, no es algo gratuito ni sacado de la manga a última hora porque a lo largo de la temporada nos han dejado caer pistas de que algo así podía pasar. Quizás no así, pero sí parecido. Era el único final posible.

En resumen, una temporada trepidante, emocionante y sorprendente con un rival a la altura de la serie y un final desgarrador que abre un gran abanico de posibilidades de cara a la quinta temporada. Vuelvo a lo del principio: Dexter hay que verla. Ni que sea su cuarto año. Si os convence, ya habrá tiempo de ver los tres anteriores. Todavía tenéis tiempo hasta que empiece la quinta temporada, allá por septiembre del año que viene. Que larga se va a hacer la espera.

Deberes para Navidad

| Posted on 00:02

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Gracias a Dios que la Navidad ya está aquí. Por mucho que me gusten las series que sigo semanalmente, reconozco que llega un momento que tanto proceso de búsqueda de capítulos, descargas y visionados contrarreloj para llevar las temporadas al día me acaba saturando. Además, nunca viene mal tomarse un descanso de las series que seguimos regularmente y ponerse con esas otras a las que nunca terminamos de darle una oportunidad por falta de tiempo o ganas, que en mi caso este año unas cuantas.

En primer lugar, Friday Night Lights. Esta serie ha sido desde hace mucho tiempo una de mis grandes pendientes. Siempre he querido darle una oportunidad, pero nunca encontraba el momento ni las fuerzas necesarias para ponerme con ella. Incluso llegué a comprarme la primera temporada en DVD hace ya casi un año, y hasta hace poco más de una semana la he tenido muerta del asco en la estantería. Pero todo ha sido ponerse con ella y ahora mismo ya llevo vistos unos 15 capítulos y estoy encantado. Me declaro fan absoluto de la serie, y de sus personajes en general y de los Taylor en particular. Esta serie es muy grande y me ha sorprendido muy positivamente. Por lo que estas vacaciones toca terminar la primera temporada, y si puedo también la segunda. Clear eyes, full hearts, can't lose!

Por otra parte, las Navidades pasadas vi la primera temporada de The Wire, así que ahora toca ponerse con la segunda. Ya he visto los cinco primeros capítulos y tanto personaje nuevo y tanta tramas me tienen un poco descolocado, pero poco a poco me está empezando a enganchar. De momento no puedo decir que me esté pareciendo gran cosa, pero también es cierto que The Wire es una de esas series que se toman su tiempo a la hora de desarrollar sus historias.

No tenía pensado ponerme con ellas, pero al final he caído y he decidido darles una oportunidad a The Shield y Entourage. The Shield siempre me ha dado mucha pereza, e incluso reconozco que nunca se me ha pasado por la cabeza ponerme con ella, pero tantas buenas críticas en estos últimos meses han picado mi curiosidad. Entourage tampoco es una serie que me llame especialmente, pero estaba buscando una comedia de 20 minutos para ver en los ratos muertos y al final ha acabado cayendo ésta. No sé muy bien qué esperar de ella, así que con que me entretenga es suficiente.

Otra que tampoco entraba en mis planes es Expediente X. Me han dejado la primera temporada en DVD, oportunidad perfecta para por fin una oportunidad a este clásico de la televisión. En realidad sí vi algunos capítulos cuando se emitía en Telecinco, pero todavía era un niño y reconozco que me daban bastante miedo. Ya voy avisado de que la primera temporada es la peor y de que no tengo que asustarme con ciertos estilismos, así que a ver con qué me sorprenden.

Y en cuanto a los realities, seguiré con Big Brother US 9 y si tengo tiempo, veré la cuarta temporada de Project Runway. Al final sí que voy a tener las vacaciones ocupadas, y eso que pensaba que me iban a faltar series con las que perder el tiempo.

My life would suck without you

| Posted in | Posted on 12:24

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Tengo que reconocer que de todos los estrenos de esta temporada, Glee era el que esperaba con más ganas. Su primer capítulo me pareció fantástico y me dejó con ganas de más, y sus números musicales (con la pegadiza "Don't stop believin'" a la cabeza) me enamoraron. Además, me sorprendió que contase con momentos un tanto ácidos y pasados de rosca que no pegaban demasiado con esa apariencia blanda y algo cursi.

A partir de ahí, y sabiendo que los siguiente capítulos probablemente no estarían a la altura del primero, lo único que le pedía a la serie era que mantuviese el nivel en sus números musicales, que desde el principio fue lo que más me gustó y lo que realmente me animó a seguir con ella. Y es que que en el primer capítulo te planten espectáculos tan conseguidos como Rehab" o "Don't stop believin'" es toda una declaración de intenciones.

En este aspecto creo que la serie no ha fallado en ningún momento. Ha tenido algunos números mejores que otros, eso está claro, pero en general todos han mantenido un nivel bastante aceptable y ha habido algunos realmente geniales como "Defying gravity", "Maybe this time" o el "Don't rain on your parade" del último capítulo. Las canciones han sido lo mejor hasta el momento con diferencia, y sólo por ellas merece la pena pasar por alto todos los defectos que pueda tener la serie. Por mí pueden hacer lo que quieran con los personajes o incluir tramas sin sentido mientras cada capítulo siga teniendo sus tres o cuatro canciones de rigor. Me lo paso tan bien con sus canciones que todo lo demás me da igual.

Lo único que sigue sin convencerme es el poco protagonismo de los personajes secundarios, que son un auténtico filón para la serie y de momento están bastante desaprovechados. Ya no hablo sólo de algunos como Kurt y Mercedes que son geniales y merecen más escenas de las que tienen, sino también de otras como Tina, Santana o Brittany que hasta ahora han pasado un tanto desapercibidas cuando podrían haber sido personajes muy divertidos si les hubiesen dado algo más de cancha.

De momento me conformo con Quinn, para mí la gran revelación de la serie, que está resultando ser un personaje mucho más interesante de lo que parecía en un principio y su evolución me está encantando. Y con Sue Sylvester, que en los primeros capítulos no me caía demasiado bien y ahora soy fan a muerte de su mala leche. Con ella me pasa eso de que pese a ser la mala de la serie y la que pone la nota discordante entre tanto buenrollismo, me encanta verla triunfar en sus planes, de lo mal que me cae el pesado de Will.

Justamente nos quedamos sin nuevos capítulos cuando la serie por fin está empezando a coger ritmo, así que eremos qué tal vuelve después de este interminable parón de cuatro meses. Miedo me da. A mí, mientras sigan con sus números musicales y esas salidas de tono puntuales de algunos personajes, me tienen ganado. No pido más.

P.D.: He cambiado el diseño (aunque es muy parecido al anterior), a ver si así me animo a retomar la costumbre de escribir en el blog, que llevo unos meses que lo tengo muy olvidado.

4 Razones para ver Big Brother US 8

| Posted in | Posted on 11:12

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Si tuviese que definir con una única palabra la octava temporada de Big Brother US, diría sin duda "trepidante". En sus treinta y tres capítulos no ha tenido ni un sólo momento de descanso, y la acción empezó desde el mismo minuto uno con alguna que otra sorpresa que los responsables del programa les tenían reservada a los concursantes. Por lo que tengo entendido es probablemente la temporada más polémica y controvertida de las once emitidas hasta el momento, y al mismo tiempo una de las más emocionantes e intensas de la historia del programa (algo que entiendo perfectamente).

Como soy consciente de que Big Brother US no es precisamente un reality popular por estos lares, y como no sabéis lo que os estáis perdiendo por no darle una oportunidad, allá van cuatro razones por las que merece la pena ver Big Brother US 8. Sin spoilers, por supuesto.

- Los twists. Toda temporada de Gran Hermano guarda alguna sorpresa inicial con la que innovar y darle una pequeña vuelta de tuerca al formato. En Big Brother US 8, además del reencuentro de algunos concursantes con personas de su pasado (Dustin y Joe, ex pareja de novios; Jessica y Carol, dos bitches enemigas acérrimas desde el instituto y Dick y Danielle, padre e hija que llevan sin hablarse más de dos años), tenemos la figura del America's Player, un concursante que estará en todo momento en manos de los espectadores, quienes le asignarán una especie de misión semanal (darle un beso a otro concursante, contar una terrible historia de su pasado, empezar a soltar alguna catchphrase...), además de votar por él en las expulsiones y decirle a qué otro concursante debería conseguir que lo nominen. Lo mejor del America's Player es que, en muchas ocasiones, se produce un conflicto de intereses puesto que los espectadores pueden estar obligándole a hacer campaña, e incluso expulsar, a alguien de su misma alianza, por poner un ejemplo. Eso sí, reconozco que se le podría haber sacado mucho más partido en según qué situaciones, pero aún así me parece un elemento bastante interesante de esta temporada y cumplió con solvencia su cometido (no en vano, en Big Brother US 10 volverán a usar esta idea durante una semana).

- El drama. ¿Qué sería de un reality show sin un poco de drama e histerismo? En Big Brother US 8 tenemos para dar y regalar. Nominaciones y expulsiones imprevisibles, Heads of Households que nadie se espera y que acaban siendo más dañinos que los supuestos "strong players", competiciones por el Power of Veto emocionantes como pocas (la de la quinta semana será muy difícil de olvidar), un showmance tormentoso y otro muy a lo Jeff y Jordan de Big Brother 11, duros enfrentamientos entre concursantes, estrategias, puñaladas traperas... Esta temporada ha tenido de todo.

- El casting. Inmejorable y sorprendente desde el minuto uno de la temporada. Estrategas, mentirosos, buenos jugadores, altamente competitivos y, sobre todo, carismáticos. Por citar sólo a algunos: dos cristianas iluminadas que tienen visiones de ellas mismas como finalistas (y ganadoras); un diseñador gráfico que cuenta chistes malos y nadie quiere a su alrededor, y al que algún concursante ha definido como "ese amigo molesto que siempre te deja mensajes en el contestador y que borras directamente sin escucharlos"; una cheerleader rubia de bote y de voz chillona cuyos gritos de guerra son "Boooyah!" y "Too bad, so sad"; una ex pareja de gays (ambos insoportables y soberbios) que se llevan a matar desde que uno le pasara al otro gonorrea, o una niñera presumida, egoísta, ególatra y tonta perdida cuyas únicas palabras que conoce son "yo", "mí" y "me. Y lo mejor está por llegar con...



- ... EvelDick y Danielle. La joya de la corona de esta temporada, que sin duda no hubiese sido la misma sin ellos. No en vano, como se ha dicho escuchado alguna vez a lo largo de estos treinta y tres capítulos: "Big Brother 8 is the season of the Donatos". Ellos son un padre y una hija que se reencuentran en el programa después de estar más de dos años sin hablarse. Él, un hombre de 44 años lleno de tatuajes y piercings, violento, intimidante, vejador y directamente detestable. Por algo a menudo es considerado como uno de los grandes villanos de la historia de Gran Hermano y cualquier reality (aunque no es tan fiero como lo pintan: también tiene su lado dulce, que saca a relucir con bastante frecuencia). Ella es, sin lugar a dudas, la gran jugadora de esta temporada. De apariencia infantil e inofensiva, pronto se revela como una concursante terriblemente competitiva, manipuladora y estratega que gana competiciones de dos en dos y a la que no le tiembla el pulso a la hora de eliminar a sus rivales. Prefiero no seguir diciendo nada más porque me metería en terreno spoiler y no me gustaría chafarle a nadie las sorpresas de la temporada. Únicamente diré que forman un equipo estupendo e hipnotizante, y que sólo por ellos merece la pena ver esta temporada. Bet your ass!

Ahora toca hacer un descanso, que llevo una temporada en la que sólo veo realities y estoy algo saturado. Pero es que enganchan tanto que llegan a convertirse en una obsesión. Eso sí, de estas Navidades no pasa que me ponga con la segunda temporada de Big Brother US (una de las mejores por lo que he leído) y la cuarta de Project Runway (de la que ya he visto el primer capítulo y el arranque es realmente prometedor).