Cuando el público no vota
| Posted in Big Brother US , Gran Hermano , Survivor | Posted on 00:44
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La ausencia de televoto en los realities americanos es sin duda uno de las grandes virtudes de este tipo de programas. El desarrollo de los acontecimientos depende únicamente y exclusivamente de los concursantes, que con sus acciones y decisiones serán los que determinen quién es el expulsado de la semana, quién tiene inmunidad e incluso quién es el ganador de la temporada. De esta forma el proceso se dignifica y los propios concursantes se ganan un respeto por haber llegado hasta ahí por sus propios méritos y no simplemente porque han caído simpáticos a un determinado sector del público.
Si por algo no me está convenciendo esta edición de Gran Hermano es porque sus concursantes han sido demasiado jugadores (malos) desde el principio. Esto no es que me parezca mal del todo, pero es que intentar ir de jugador y estratega en un concurso en el que la última palabra la tiene el público es una tontería. Puedes sortear salir nominado semana a semana, pero si al público no le gustas, a la mínima oportunidad que tengan de echarte vas a ser expulsado. Fenómenos como el de Pepe en la séptima edición no se van a volver a dar, eso por supuesto, así que de nada sirve jugar a ser el más listo del grupo porque va a ser una pérdida de tiempo.
Durante las primeras semanas de esta edición, un pequeño grupo de concursantes controlaban las nominaciones y eran ellos los que decidían quiénes estarían en la palestra cada semana. Si esto fuese Big Brother US o Survivor me parecería estupendo y probablemente celebraría este tipo de estrategias, que al fin y al cabo son las que hacen que este tipo de programas sean tan emocionantes. Pero en Gran Hermano, donde el voto decisivo lo tiene el público, es una estupidez. Primero, porque automáticamente los que la llevan a cabo van a caer mal fuera y segundo, porque una vez que uno de ellos salga nominado, va a ser expulsado con un porcentaje arrollador. En esta temporada tenemos los casos de Nagore (expulsada con un 95%, igualando el récord porcentaje de expulsión a nivel mundial), Rebeca (92.5%), Juan (70%) o Melanie (52%). Realmente seguir una estrategia agresiva de este tipo en Gran Hermano es un arma de doble filo porque por una parte te garantiza evitar las nominaciones durante un tiempo determinado, pero también te convierte en un objetivo fácil cuando te enfrentas al público.
Sin embargo, en los realities americanos sucede todo lo contrario. Como el público no interviene en ningún aspecto del programa, los concursantes no se cortan un pelo y no tienen reparos en mostrar su verdadera cara. Las alianzas, estrategias, mentiras, manipulaciones y puñaladas por la espalda están a la orden del día, Les da igual parecer unos cabrones despreciables si así pueden llegar a la final y, por supuesto, ganar. ¿Que tienen que hacer campaña para expulsar a su propia pareja si le ven como un rival? Lo hacen, y sin remordimientos. ¿Que su BFF es un potencial ganador? Inventan cualquier mentira y le hacen un backdoor como la copa de un pino. ¿Que su padre supone una amenaza para su supervivencia en el programa? Pues se plantean expulsarlo a la mínima de cambio, ya ves qué problema.
Los concursantes de allí no son como los de aquí, que vienen cargados de buenas intenciones y a vivir la experiencia. Los americanos tienen claro que si van a un concurso como Big Brother o Survivor es para llevarse el premio a toda costa. Por eso disfruto tanto con estos programas, porque sus concursantes no se andan con medias tintas y son capaces de vender su alma al diablo con tal de ganar un puñado de dólares. Mientras que aquí nos conformamos con los polvos de Arturo e Indhira o las estrategias baratas de los "feos", en América tienen a la biznatch de Natalie (o Nata-LIE, como la llamaban en los foros yanquis) o al nerd entrañable de Ronnie (ambos de Big Brother 11), a EvelDick y su malérrima hija Danielle (Big Brother 8), a la bitch de Libra y Dan y su Replacement Nominee Roulette en la octava semana de Big Brother 10 o la dulce venganza de James en Big Brother 9. No hay color.
Pero las manipulaciones y el juego sucio no sólo se limitan a Big Brother US. En la última temporada de Survivor (la única que he visto hasta el momento) también hubo un concursante que literalmente se adueñó del programa mediante manipulaciones, engaños y backstabbings. Antes de nada, tengo que reconocer que este tipo de concursantes sin escrúpulos y que hacen lo que sea con tal de ganar suelen ser mis favoritos porque son los que de verdad se toman el programa en serio y saben que están ahí para jugar y ganar. Me da igual que sean rastreros o despreciables, prefiero mil veces villanos como EvelDick o Matt de Big Brother 9 antes que macetas que están ahí porque sencillamente no suponen una amenaza para nadie como el propio Jaison en esta temporada de Survivor, Zach en Big Brother 8 o Jordan en Big Brother 11, por poner unos ejemplos fáciles.
El caso es que Russell ha sido el verdadero aliciente que he tenido para seguir viendo Survivor. (A partir de aquí hay SPOILERS de Survivor: Samoa). Los primeros capítulos no me parecieron nada del otro mundo y, de hecho, algunos me aburrieron lo suyo, pero conforme fueron pasando las semanas la cosa se empezó a poner interesante y una vez que se produjo la unificación de las tribus, caí completamente enganchado. Y todo gracias a las maquinaciones de un concursante a la que se la soplaba todo y cuyo único propósito era ganar a toda costa. Mintió, utilizó y manipuló a sus compañeros a su antojo, consiguió librarse de una expulsión in-extremis y "blind-sideó" a todo el consejo tribal con una impactante revelación (ese momento fue sencillamente delicioso e impagable), se fue librando de todos los rivales fuertes sin dificultad y, en definitiva, controló todo el programa desde el principio hasta el final.
No es de extrañar que ya se hable de él como el gran villano de la historia de este programa, y con toda la razón del mundo. Sin haber visto ninguna temporada anterior, dudo mucho que haya un concursante que iguale en maldad e hijoputismo a Russell. Pero el problema de llevar una estrategia tan agresiva y reprochable es que no todo el mundo la aprueba. Pasa algo parecido a lo del tema del televoto: puedes montártelo muy bien y llegar a la final, pero quienes deciden al ganador de la temporada son los nueve últimos expulsados, esos a los que Russell ha engañado y expulsado uno a uno (que, para más inri, eran todos de la tribu contraria).
Dejando a un lado que sea un tipo odioso y despreciable, es indiscutible que Russell ha sido con mucha diferencia el mejor jugador de la temporada y que, por supuesto, merecía ganar. Ya no sólo por el tema económico, que eso a él le da igual (está forrado y no necesita el dinero para nada), sino por orgullo. En una final con Russell, Natalie y Mick, me parece impensable que alguien como Natalie (que me parece muy mona y siempre me ha caído muy bien pero que como jugadora no hizo demasiado aparte de expulsar a Erik) sea proclamada ganadora antes que Russell. Pero, como en el televoto, si al jurado no le gustas, preferirán votar a alguien que se ha mantenido en un segundo plano y ha concursado como ha podido, antes que al cabrón que se encargó de expulsarles uno tras otro. Una lástima, pero el mundo está lleno de reventados. Otra vez será.
Claro que si existiese el voto del público en los realities americanos, no cabe duda que Russell, como EvelDick, Danielle o Ronnie hubiesen sido expulsados a la mínima de cambio y nos habríamos quedado sin estos grandes concursantes demasiado pronto. Que serán todo lo despreciables que queráis, pero sin ellos sus respectivas temporadas no habrían sido las mismas.






