08 julio 2009

Por favor, sálvame

Ayer por la tarde, y de forma totalmente improvisada, surgió en Twitter un debate muy interesante acerca de la televisión nacional en general y del programa Sálvame en particular. Prácticamente todo el mundo coincidía en afirmar que el programa de Jorge Javier Vázquez era una basura, que no valía para nada y todo esas cosas que se suelen decir de este tipo de programas. Comprendo que Sálvame no pueda gustar a todo el mundo (aunque ahí estaré yo para defenderlo). No es un programa fácil para aquellos que no acostumbran a ver ni aprueban esta forma de hacer televisión. Es lícito y están en su pleno derecho de criticarlo si lo creen conveniente. Por lo que no paso es por esas actitudes de perdonavidas que adopta muchísima gente que se cree superior a otra simplemente por no ver "la mierda que echan por la tele".

A mí Sálvame me gusta. Lo veo cada tarde porque me divierte, me entretiene y me lo paso en grande con ese pequeño microuniverso que han ido construyendo a lo largo de estas semanas. No pongo excusas, ni recurro al típico "es que no echan nada en otros canales". No. Me encanta Sálvame, Jorge Javier Vázquez, la copresentadora Belén Esteban, el momento atril, el drama Pipi-Miriam, el escote y el inglés de Yola, los montajes de tres al cuarto, el Sálvame pirata, su espíritu tomatero, el animador del público, el videoclip protagonizado por la Esteban, las puyas que le lanza JJ sin que ella se dé cuenta, los 300€, el récord mundial de los 50 programas y un sinfín de cosas más. No veo qué tiene de malo disfrutar de un programa como éste, la verdad. Que a veces parece que hay que pedir perdón por asomarse un rato a la tele nacional (y si es Telecinco, aún más).

Que disfrute como un enano con Sálvame no me impide tener bien claro lo que estoy viendo. Es, ante todo, un programa casposo y que bebe directamente de otros como Aquí hay tomate o A tu lado. No es un programa sesudo ni profundo, pero es que tampoco pretende serlo. Como dijo un día Jorge Javier, "cuando uno ve un informativo, sabe que le van a dar noticias. Si ve Sálvame, sabe que le van a dar entretenimiento absurdo". Y es que eso es lo proporciona Sálvame: entretenimiento sin pretensiones, ligero, ácido y, sobre todo, muy absurdo.



El problema que veo es que mucha gente que se toma Sálvame demasiado a la tremenda. "¡Es que el otro día enseñaron una teta de Yola", "¡es que Kiko le quitó el peluquín al Dioni!", "¡es que se pasan la tarde discutiendo!", "¡es que Kiko le bajó el vestido a María Lapiedra y se quedó desnuda en el plató!". Pues sí, si lo miramos todo así es normal que lapidemos el programa. Pero es que todas esas cosas forman parte del show y ellos mismos lo reconocen a los dos minutos. Sálvame no engaña: el espectador sabe lo que va a ver, pero también sabe que el programa es una tomadura en pelo en sí mismo y que no hay que tomárselo en serio. Si ni siquiera los propios colaboradores lo hacen, ¿cómo vamos a hacerlo los espectadores?

Sálvame está en parrilla porque es lo que le gusta al público y lo único que le ha funcionado a Telecinco en su sobremesa desde el final de Aquí hay tomate. Entiendo que no es un programa accesible para todos los públicos, pero si está ahí es por algo. Me hace mucha gracia que haya gente indignada pidiendo a gritos su cancelación a favor de una televisión de calidad, cuando está comprobado que esos supuestos programas de calidad no aguantan ni una semana en parrilla. ¿Cuántos programas y series distintas probó Telecinco antes que Sálvame? Ninguna funcionó. Y no me vale la excusa de que todos eran una basura porque uno de esos programas fue precisamente la idolatrada Camera Café, que acabó retirado al final de semana por su ridícula audiencia (6.1%). Sin embargo, llega Sálvame y eleva la audiencia hasta el 14%. ¿Por qué? Porque es lo que la audiencia quiere. Ni más ni menos. No podemos criticarlo porque somos nosotros los que hemos hecho que el programa esté ahí.

Prefiero Sálvame, que al menos deja sus intenciones bien claras desde el principio, a programas tipo Sé lo que hicisteis que se crean muy listos y poseedores de la verdad absoluta. No sé qué es de peor gusto, si que Kiko Hernández desnude a una actriz erótica en directo, o que Sé lo que hicisteis insinúe que a Máxim Huerta le gusten los niños únicamente por un comentario sacado de contexto.


Sin esperarlo, Sálvame se ha convertido en mi programa favorito y no me avergüenzo de ello. Creo que no es incompatible disfrutar de un rato de entretenimiento sin pretensiones y a la vez devorar series como The Wire, Arrested Development o Buffy. Y quien dice Sálvame, dice también Mujeres y hombres y viceversa, De buena ley y cualquier reality que se me ponga por delante. La televisión está para verla, y no para pasarse el día viendo gafapastadas de la HBO.

06 julio 2009

Volviendo a nacer


Con spoilers de la quinta temporada. Igual también hay alguno de la sexta temporada. Aviso por si acaso.

Después de su desastrosa cuarta temporada, Anatomía de Grey afrontaba su quinto año de forma optimista y con ánimo de arreglar el estropicio que se había montado desde la segunda mitad de la tercera temporada. Y a pesar de unas cuantas decisiones realmente desafortunadas por parte de los responsables de la serie (la salida forzada de Hahn, el regreso de Denny), se puede decir que Anatomía de Grey consiguió su propósito y no sólo mejoró a sus dos años anteriores, sino que recuperó la esencia de su segunda temporada, que es con diferencia lo mejor que esta serie nos ha dado y, a este paso, nos dará.

La quinta temporada me ha encantado, aunque su último capítulo me ha decepcionado ligeramente. Con todo el material que había puesto sobre la mesa, personalmente esperaba un final que estuviese a la altura del de la segunda temporada. Tengo la sensación de que decidieron poner toda la carne en el asador en la recta final de la temporada, y en el último momento se quedaron sin nada emocionante que contar. El cáncer de Izzie fue una trama estupenda, y me gustó mucho cómo la desarrollaron a lo largo de la temporada, pero en el capítulo final le faltó gancho y mucha emoción. Que Izzie pierda la memoria es algo serio, pero personalmente no sentí ni angustia ni preocupación. Es más, era la parte del capítulo que menos me estaba gustando, y eso que era la trama que más me ha enganchado de toda la temporada.

De todas formas, intuyo por qué no conseguí implicarme del todo en este final de temporada. Con tanto spoiler yendo y viniendo, noticias del elenco y abandono de uno de los actores principales, era fácil intuir cómo se resolvería todo. Curiosamente, y esto no me lo esperaba en absoluto, han dejado abiertas las dos tramas más importantes del final de temporada, supongo que para ver qué pasaba durante el verano con Katherine Heigl y T.R. Knight. Pero creo que cometieron un error al cerrar temporada con un cliffhhanger así porque le resta intensidad al capítulo. Además, ¿qué sentido tiene dejar a George pendiendo de un hilo si semanas más tarde nos vamos a enterar de que abandona la serie en la sexta temporada? El cliffhanger pierde interés y no tiene sentido, porque ya sabemos qué es lo que va a pasar. Hubiese sido mucho más efectivo cerrar la temporada con George ya muerto, o en Iraq, antes que dejar su futuro en el aire.

Por otra parte, la sorpresa que nos tenía reservado el capítulo a mí me resultó muy previsible. Al principio reconozco que no sospeché que el paciente anónimo era George, pero conforme fueron pasando los minutos, empecé a fijarme en algunos detalles y lo tuve más o menos claro: que le enfocaran tanto, que agarrase con tanta efusividad la mano de Meredith, que quisiese escribir su nombre, que George no apareciera en todo el capítulo... Aún así, el momento en el que Meredith descubre la identidad del anónimo me puso los pelos de punta.

Dejando a un lado el final de temporada, puedo decir que el quinto año de Anatomía de Grey ha sido uno de mis favoritos hasta el momento, únicamente superado por el segundo. Ha sabido recuperar su tono perfecto con la dosis justa de comedia y culebrón, algunos personajes se han hecho soportables contra todo pronóstico, a Callie, Sloan y Lexie han pasado de ser algo más que "los amigos de" y "la hermana de", las tramas de los internos de primer año han arrojado un punto de parodia muy divertido y los nuevos fichajes (Hunt y Arizona) han resultado más interesantes de lo que parecían en principio y han aportado un toque de aire fresco a la serie.

Uno de mis frentes favoritos de esta temporada ha sido la pareja Hunt-Cristina. Ya era hora de que Cristina encontrase un hombre que estuviese a su altura y al que no pudiese mangonear como Burke. Hunt siempre me ha resultado un buen personaje, y ese toque oscuro que le añadieron a mitad de temporada me pareció todo un acierto. Y también me ha gustado mucho la llegada de Arizona al Seattle Grace. Entró de una forma discreta, muy a lo Callie en la segunda temporada, y ha sabido hacerse un hueco en la serie. Me alegro de que vaya a ser un personaje fijo en la sexta temporada.

Se podría decir que he vuelto a recuperar la fe en Anatomía de Grey. Su quinta temporada no sólo ha superado a las dos anteriores, sino que ha estado a la altura de los mejores momentos de la serie. Esperemos que se mantenga así durante mucho tiempo. Y de paso, que cancelen Sin cita previa y que traigan de vuelta a Addison, que se la echa de menos.

04 julio 2009

Los vampiros no están solos


Con algún que otro spoiler de la segunda temporada.

True Blood
avanza sin rumbo, no aspira a nada, es mala, da grima y vergüenza ajena a cada escena, sus personajes son odiosos, Sookie es una petarda y a Bill le faltan tres hervores. Y sin embargo, tiene ese "algo" que la hace especial, que por mucho que la pongas a parir siempre tendrás ganas de ver el siguiente capítulo. Es una serie que te descoloca, te perturba y te engancha a partes iguales.

La segunda temporada ha empezado bien, en su línea entre lo lamentable y lo genial en la que acostumbra a moverse la serie. Lo bueno de True Blood es precisamente eso: que es capaz de pasar de lo mejor a lo peor en cuestión de segundos. Pasa de una escena terrible de Sookie gritando como una histérica (lo que es, básicamente) a una genial de Eric apareciendo de la nada con el pelo a medio teñir, casi sin despeinarse. Lo que sí he notado es que, desde su regreso, los capítulos se me están haciendo interminables. Y por lo que veo, es algo generalizado. Pero es que es normal: una hora por capítulo es demasiado, y más si meten tantas escenas de relleno y sin sentido alguno.

De momento, lo único que me está interesando realmente es la trama de Maryann. No conocemos nada acerca de ella, pero ya han dejado caer algunas pistas, muy al estilo de las de la primera temporada con Sam y el perro, que insinúan que es más que una simple ricachona. Intuyo que está relacionada de alguna forma con Dioniso (o Baco, para los romanos), el dios del vino y la locura entre otras cosas, aunque me parece demasiado enrevesado incluso para una serie como True Blood. Pero es que esas fiestas (rituales báquicos) y el desmadre que provoca allá donde va, la delatan. Claro, que el cerdo y esos espasmos me descolocan. Ahora mismo, y aún con toda la temporada por delante, apostaría a que se trata de una ménade o bacante del cortejo de Dioniso, pero ya digo que todo esto me resulta un tanto absurdo. Aunque con esta serie nunca se sabe, y más teniendo en cuenta que ya tienen a su propio Minotauro dando vueltas por Bon Temps.

El resto de nuevos fichajes también prometen, pero hay tantos que me da miedo que poco a poco se vayan olvidando de ellos y terminen cayendo en saco roto. Por lo pronto, una de mis favoritas es Jessica, que promete ser un personaje bastante divertido, aunque desde que se ha vuelto buena es un poco aburrida. Es mucho más entretenida cuando se dedica a agotar la paciencia del sosainas de Bill.

Lo cierto es que no sé muy bien qué esperar de esta temporada. Tampoco le pido mucho, de todas formas. Mientras que la serie mantenga su cutrez, su estilo de producción de segunda categoría y sus paranoias, a mí me tienen ganado. True Blood nunca será una gran serie, ni un producto para gafapastas obstinados, pero puede llegar a ser muy entretenida si te la tomas como lo que es: una auténtica tomadura de pelo.

02 julio 2009

Fauna de instituto


Las series de adolescentes nunca han sido mi fuerte. Pese a que he visto algunas e incluso me han llegado a enganchar en algún momento, siempre las termino abandonando de puro aburrimiento o porque me resultan muy tópicas y, sobre todo, falsas. Skins podría ser la excepción, a pesar de ese toque hardcore que muestra en algunos de sus capítulos. Y otra excepción, cómo no, sería Freaks and Geeks, serie que he descubierto recientemente y de la que ya estoy totalmente enamorado.

Ambientada a principios de los 80, Freaks and Geeks nos sitúa en un instituto de barrio cualquiera y narra las aventuras y desventuras de dos grupos de amigos muy diferentes. Por un lado, los freaks, los inadaptados, esos que fuman a escondidas y se saltan las clases, y por el otro, los geeks (mis favoritos), los típicos pardillos amantes de la ciencia ficción y marginados por el resto de compañeros de clase. Una premisa que a simple vista no parece gran cosa, pero que esconde mucho más de lo que se puede llegar a pensar en un principio.

Porque Freaks and Geeks no es una serie de adolescentes al uso, sobre todo porque desde el principio muestra una visión realista de la adolescencia, con sus momentos buenos y sus momentos amargos. En este sentido me resultan especialmente interesantes dos personajes, Lindsay y Sam Weir. Ella se encuentra de lleno en la adolescencia y todavía no tiene claro qué quiere hacer con su vida. Y el pobre Sam Weir está atravesando por una de las etapas más duras: el paso de la infancia a la adolescencia. Me encanta el personaje por inocencia, su inseguridad y su temor a crecer y dejar de ser un niño para siempre. Es bastante fácil sentirse identificado con él en algún momento.

Algo que también me ha sorprendido gratamente es el excelente estudio que hace de sus personajes, con capítulos que recuerdan inevitablemente a Skins. Freaks and Geeks no juzga a sus personajes, ni los define como "buenos" y "malos". Cada uno tiene su historia detrás, que puede ser una familia desestructurada, un padre autoritario o el miedo al fracaso.

Todavía me quedan diez capítulos para terminar la serie, así que ya habrá tiempo para hablar más detenidamente de ella más adelante. Por ahora, lo único puedo decir que me está encantando y que voy a echar mucho de menos a Sam, Neal, Bill, Harris (mi secundario favorito con diferencia) y Lindsay. Los chavales de esta serie son absolutamente geniales.

29 junio 2009

Sin salida

Weeds siempre ha sido una de mis series favoritas, o al menos una de las que más he disfrutado. Sus tres primeras temporadas fueron magníficas gracias a sus pequeños detalles, los matices de sus personajes, su peculiar humor negro y una infinidad de cosas. Pero luego llegó la cuarta temporada, que no discuto que no fuese buena o que se mantuviese a un nivel parecido al de las anteriores, pero que a mí me resultó bastante rara y no me llegó a convencer del todo. Por eso esperaba con ganas la quinta temporada, no me gustaba el sabor de boca que me había dejado su año anterior y quería reconciliarme con la serie. De momento los tres primeros capítulos me han gustado, pero la sombra de la cuarta temporada es alargada y hay ciertos temas que no compro de ninguna forma.

El final de la tercera temporada marcó un antes y un después en Weeds. Nancy dejaba atrás su vida en Agrestic y se establecía con sus hijos y su cuñado en Ren Mar, un pequeño pueblo situado en la frontera entre San Diego y Tijuana. La serie empezaba así un nuevo ciclo, alejándose paulatinamente de ese humor negro que tanto caracterizó sus tres primeros años, y encaminándose hacia un tono dramático y desesperanzador que personalmente no me gustó en absoluto. Este cambio en su tono también se reflejó en sus personajes, especialmente en Nancy, que pasó de ser esa matriarca de armas tomar y que haría cualquier cosa con tal de sacar adelante a su familia, en una mujer pasota, egoísta y descerebrada que sólo miraba por ella misma. La evolución de la figura principal de la serie nunca la llegué a comprar porque me parecía inverosímil, una mera caricatura del personaje.

A pesar de que esperaba el regreso de la serie con ganas, también confieso que le tenía un poco miedo. Con ese final de temporada tan light y a la vez tan sorprendente (aunque yo siempre creí que era un montaje de Nancy para salir del atolladero en el que se había metido), no era difícil intuir que la quinta temporada no sería más que una consecuencia directa de la cuarta. Nancy ha alcanzado un punto de no retorno, ya no puede dar marcha atrás y tiene que hacer frente a todos los problemas que se le avecinan de la mejor forma posible si no quiere acabar mal. Cada capítulo es puro sufrimiento, Nancy está en un buen lío y sabe que no va a salir de él fácilmente. Que una cosa es vender marihuana en su barrio de toda la vida, y otra muy distinta estar involucrada directamente con la mafia mexicana.

Celia también se encuentra en una situación delicada. Se ha dado cuenta de que está sola, sin amigos y todos reniegan de ella. Me está empezando a cansar que este personaje, temporada a temporada, siempre tenga que lidiar con algo y nunca tenga un momento de respiro. Me gustaba esa extraña relación que mantenía con el novio de su hija; lástima que la terminasen tan pronto porque pudo haber dado muy buenos momentos. Otro que también me está cansando es Andy. No me gusta nada su trama para esta temporada y no compro ese amor que siente por Nancy y que parece haber salido de la nada.

Doug y Silas han llegado a un punto en el que me sobran completamente en la serie, sobre todo Silas. Aunque cada vez menos, Doug todavía tiene algunos puntos divertidos, pero Silas se está volviendo más estúpido con el paso de las temporadas y creo que ya ha dado todo lo que tenía que dar en la serie. Por su parte, la evolución del personaje de Shane es lo que más me está gustando de este nuevo ciclo de Weeds.

La quinta temporada me está gustando, pero tiene sus "peros". Me encanta Weeds y quiero volver a disfrutar de ella como lo hacía al principio. Confío en que al final de la temporada consiga quitarme la espinita que tengo clavada desde el año pasado.